miércoles, 5 de marzo de 2014

Hoy recibí un artículo muy interesante de la Revista de la empresa Impacto, empresa amiga de Britt. Enfoca de una manera muy interesante el liderazgo de influencia, participativo, aquel liderazgo que ya poco se ve en una sociedad un tanto egoísta, un tanto yoísta.

Hoy también vi reacciones de mucha gente ante la conferencia de prensa de uno de los candidatos a la Presidencia de la República y esto me movió a compartir el artículo, ya que Costa Rica es una, no es aislada por partidos politicos o tendencias y menos ajena a  lo que cada ciudadano piensa o actúa.  Los costarricenses hemos olvidado esto, creemos que mientras mi metro cuadrado esté bien, todo estará bien independientemente si en el metro al lado mío alguien se está hundiendo o muriendo.

Durante la conferencia, alguien me preguntó qué hacer para mantenerse como líder y no mantener momentos o prácticas de tipo jerárquico, dando órdenes.  Mi respuesta fue muy sencilla, un líder toca siempre el corazón antes de pedir una mano.  Los grandes líderes no operan desde su posición, sino que lo hacen utilizando su influencia y buscando el bien común.  La historia del artículo, ilustra mucho esto que menciono y me recuerda a líderes que se me han atravesado en la vida que marcaron, marcan y marcarán mi caminar.  Espero lo disfruten.      HQ

 

Hace muchos, muchos años un jinete pasaba frente a un grupo de soldados que trataban, sin éxito, de mover un pesado tronco que bloqueaba su paso.

El sargento de esta brigada estaba parado a un lado observando cómo se esforzaban sus hombres sin conseguir mover el tronco.

El jinete se detuvo y le preguntó al sargento: “¿Por qué no les ayuda?” El sargento respondió con fuerza: “No ve que soy el sargento, ¡yo doy las ordenes!”.

El jinete desmontó, caminó hasta donde estaban los soldados y comenzó a levantar junto a ellos el pesado tronco.

Con su ayuda, y no sin un gran esfuerzo de parte de los soldados, el tronco fue quitado del camino.

El jinete, sin decir una palabra, volvió a montar su caballo, y antes de marcharse le dijo al sargento: “La próxima vez que sus hombres necesiten ayuda, por favor mande a llamar al Comandante en Jefe”. Después de que este hombre se marchó,  el sargento y los soldados se dieron cuenta de que el jinete era George Washington, Comandante en Jefe y el primer Presidente de los Estados Unidos de América.

El mensaje de esta historia es muy claro, los líderes auténticos, esos que logran generar pasión y un gran compromiso de parte de las personas de su equipo, muestran dos características indispensables: humildad e integridad.

Las personas que han desarrollado su capacidad de liderazgo, casi siempre antes de convertirse en líderes han descubierto un propósito en el que creen, y esto les da una razón para esforzarse. Estos líderes son personas que buscan el apoyo de otros, no con el afán exclusivo de satisfacer sus propios intereses, sino porque consideran que trabajar por su propósito o su visión vale la pena el esfuerzo. Y es este enfoque en algo más importante que ellos mismos lo que les permite mantenerse humildes, pensando más en el aporte que pueden dar que en el reconocimiento y posición que pueden recibir.

Los líderes a los que todos queremos seguir son personas honestas, especialmente consigo mismos. Reconocen sus virtudes, pero también sus debilidades. Están claras de sus valores y de lo que creen, y actúan con total congruencia y transparencia con estos. Son la transparencia e integridad del líder las virtudes que generan un fuerte sentido de confianza en los que los siguen, porque estos se sienten seguros de que su líder siempre defenderá los ideales que muy probablemente comparten.

Así que el camino hacia el liderazgo es uno, y muy claro, es un camino de auto descubrimiento y crecimiento personal.