Anoche, en medio de una conversación con mi esposa, recibí un mensaje que me impresionó muchísimo, no sólo por su contenido sino porque era la respuesta a nuestro tema.
El Señor de Señores, sí ese al que yo llamo Dios, tiene una y mil formas de hablarnos, de comunicarse con nosotros, sólo es de poner atención.
Inclusive si te apartas un momento a solas, si te retraes, podrás sentir y oír su vos. Te recomiendo intentarlo algún día.
Les adjunto el mensaje enviado por un amigo, enviado en el momento adecuado, ni ayer ni mañana.
Hay dos días en cada semana de los que no nos debemos preocupar. Dos días que se deben guardar libre de miedo y ansiedad.
Uno de esos días es ayer. Ayer, con sus equivocaciones y pesares, sus faltas y confusiones, sus dolores, tristezas y deudas pendientes. Ayer ha pasado para siempre, fuera de nuestro control; y ni el dinero del mundo lo podría cambiar ni una cosa que hayamos hecho, ni podemos borrar una palabra. Ayer ya pasó.
El otro día es mañana. Mañana, con sus posibles adversarios, sus problemas, sus promesas grandes y sus pequeños logros. Mañana volverá a salir el sol, ya sea en esplendor o detrás de una máscara de nubes, pero subirá. Hasta que llegue no tenemos parte en mañana, pues aún no ha nacido.
Entonces sólo queda un día: HOY.
Cualquiera puede pelear la batalla de un solo día. Cuando nos cargamos con esos horripilantes: Ayer y Mañana, entonces nos derrumbamos.
No es la experiencia de hoy que vuelve locos a los hombres, sino la amarga culpa, algo que sucedió ayer, y el miedo de lo que traerá el mañana. Vivamos pues, tan sólo un día a la vez, para ser inmensamente felices. Además, con la felicidad del hoy construiremos la felicidad del mañana.
HOY es el día aceptable y el Hoy es el reto más grande que tenemos frente a nosotros. Entonces no lo perdamos, con la felicidad del hoy construiremos la felicidad del mañana.
‘Este es el día que hizo el Señor. Nos gozaremos y alegraremos en él.’ (Salmo.118:24).
Bendiciones a todos!.
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