Hace ya días que no escribía, pero el Informe 20 del
Estado de la Nación me hizo reflexionar sobre algo que sostuve durante la
pasada Campaña Política.
Siempre he pensado, que todo lo que se dice si no
tiene datos, es un simple comentario o mera especulación. Por el contrario, si decimos algo con datos
de una fuente fidedigna, lo que
decimos deja de ser comentario y pasa a
verdad, así podemos entonces discutir alrededor de ella. NO debemos dejar de lado cuando un río suena,
pero debemos entonces ver a qué suenan ésas piedras.
El fenómeno de las redes sociales en las pasadas
elecciones, estuvo presente y fue el mejor testigo de lo que menciono. Muchas personas se dieron a la tarea de
escribir o bien sólo leer simples comentarios sin ningún fundamento o dato
real, pero que muchos, le daban la “categoría de verdad absoluta”; porque
estaba en tal o cual red o lo había publicado tal o cual fulano.
En lo personal, considero que lo peor de aquella situación, fue el ver a gente
joven haciendo juicios de valor, tomando posiciones, opinando y simplemente
repitiendo o asegurando que aquello escrito era cierto, una total verdad, sin
tener ningún fundamento.
Lo más triste, lo que más me preocupó fue ver a tanta
gente joven, todos votantes, decidiendo sobre el futuro gobernante, sobre el
futuro del país, basando su decisión en aquellos comentarios o “verdades de red
social” y escogiendo así una agrupación política, un candidato, una afinidad,
un personaje, sólo por lo que leyeron en una frase y que no se dieron a la
tarea de realmente investigar, informarse, verificar, para que su decisión
fuera basada en hechos.
En aquellos días, pude conversar con una persona, que
en aquel momento era miembro de mi equipo en la empresa donde laboro, pero que
hoy lamentablemente, ya no nos acompaña.
Ésta persona mencionaba una de esas frases que surgió entonces en la campaña,
relacionada con la pobreza en Costa Rica en los últimos 4 años y que circularon
en las redes.
Aquella persona, inteligente, brillante, con un futuro
prometedor en el ámbito gerencial y que hoy extraño no sólo como miembro del
equipo sino que por sus apasionadas discusiones, sostenía lo que había leído
sin ir a las verdaderas fuentes, condición híper necesaria cuando vamos a tomar
una decisión que tendrá que ver con el futuro del país.
Conversábamos entonces que la Costa Rica de 2014 es
muy diferente a aquella de 1994, esto lo decía de mi parte, porque al igual que
el Informe 20, todos los anteriores lo aseguran con una base real y cierta,
donde mencionan que “la convergencia de transformaciones demográficas,
económicas, sociales, ambientales y políticas; cambiaron para siempre”, el
rostro de nuestro país. (El destacado es del Informe 20).
En esos 20 años la población creció vertiginosamente
en más de un millón y medio de habitantes.
La migración al país fue asunto de todos los días y por muchos
años. Me tocó ver población nicaragüense
llegar día a día en busca de sustento, en busca de por lo menos algo que comer
porque ni eso tenía en su propia tierra.
Y digo que me tocó, porque laboraba en aquellos años, en una empresa de
capital nicaragüense, que procuraba darle trabajo a su gente con prácticamente
ninguna respuesta de las autoridades locales porque nunca estuvieron listos
para tal migración y mucho menos para entender el manejo de las condiciones de
aquella gente sobre todo en el mercado laboral.
A hoy, creo que siguen con el mismo desmadre de entonces.
Costa Rica, vio elevada su población laboral de la
noche a la mañana, con gente dispuesta a hacer esto o lo otro por la mitad o
menos de lo que devengaba un costarricense entonces. Ya había costarricenses que no deseaban hacer
éste u otro trabajo, principalmente en labores agrícolas y de pronto, llegó una
masa laboral, haciéndolo por menos de lo que el mercado ofrecía. Lógicamente esto tuvo sus pros pero también
para la gente sus contras. Menos ingreso
por más trabajo, nunca ha sido una buena ecuación para ayudar a mejorar las
condiciones de vida.
Nuestro país, ya para esos años, también empezó a ver
aquellos resultados que fueron prometidos desde la reforma social, donde se
dijo que el costarricense tendría mejor calidad de vida y mejores condiciones
para cuando llegara a su edad dorada. Es
por aquellos años; que también empezamos a ver cómo la población teniendo
mejores condiciones de vida y salud, envejecía sin más condiciones económicas
que su pensión. Una segunda vida sin ningún plan de nada ni de
nadie.
La promesa laboral, se centraba en la ciudad,
provocando una migración desmedida desde las zonas rurales y concentrando
erróneamente el desarrollo alrededor de una Gran Área Metropolitana, preparando
para entonces el caos que hoy vivimos.
Tanta acumulación alrededor de la urbe, provocó una sociedad más
violenta, menos tolerante, más preocupada por sí misma y menos interesada en
los demás, como solía caracterizar al tico.
La economía empezó a ser vibrante,
con altos y bajos, más abierta al mundo y a la atracción de
inversión.
Menciona el Informe 20: “La mayoría de los hogares
mejoró sus condiciones de vida, gracias a la combinación de crecimiento
económico y mayor inversión social pública.
Los ingresos se elevaron de manera general, en un marco de ampliación de
libertades y derechos, y de mayor tutela de los mismos. En resumen, hubo
desarrollo económico, más protección ambiental, progreso social y
“democratización de la democracia”.
Estos avances, sin embargo, no produjeron una era de rápido progreso. Es
cierto que el país creó una plataforma más amplia y diversa de capacidades
económicas y sociales para el desarrollo humano, que subsanó los retrocesos de
los años ochenta. Pero el asentamiento de esas bases fue acompañado por
resultados decepcionantes en temas clave: la desigualdad en los ingresos
creció, la pobreza no se redujo, persistieron amplias fallas en los mercados
laborales y la insostenibilidad ambiental se acrecentó”.
Quiero destacar éste párrafo, porque considero que todos
los responsables del país, en lo que a reducción de pobreza se refiere, nos han
mantenido 20 años, o sea, cerca de 5 períodos presidenciales, con una misma
condición, la famosa franja entre el 17 y 20% donde la pobreza se ha mantenido
y no se ha podido reducir. Muchas excusas
han dado, ninguna solución se ha visto.
La pobreza no es un asunto que se pueda erradicar en 4
años, aunque en 4 años o menos se pude incrementar enormemente como lo hemos
visto en el pasado. Los programas
sociales que en algún momento fueron exitosos deberíamos retomarlos y aquellos
en funcionamiento, renovarlos, revolucionarlos, hacerles un F5 como dice hoy la
juventud y ponerlos en marcha rápida. En
esos veinte años, muchas entidades fueron creadas para atacar la situación, quizás
demasiadas, pero ninguna la ha pegado.
Creo que deberían concentrarse en al menos 3 y ponerlas a trabajar como
se debe. Haciendo, ejecutando,
demostrando.
Costa Rica ha venido padeciendo y adoleciendo de algo
tremendo que la ha ido llevando marcha atrás, es la falta de voluntad, de
determinación y sobre todo, la falta de decisión de hacer las cosas que hay que
hacer, refugiados en el no se puede o bien no podemos hacer nada porque la
situación legal no lo permite y es la que nos gobierna. Esto, sumado a lo que me motivó escribir hoy día, como lo es la falta de información real, con datos, información para toma de decisiones, es parte del escenario crítico que vivimos.
Muchos logros hemos visto en 20 años, pero al mismo
tiempo, en lo personal, considero que son poco significativos para todo lo que hubiésemos
podido hacer. En mi equipo gerencial,
siempre he dicho que nos concentremos en el verdadero problema para darle una
verdadera y rápida solución, eso evita que las personas se concentren en males
periféricos y se enfoquen en el origen.
En ese tiempo, he visto a muchos hablar de males periféricos y a muy
pocos referirse al verdadero origen.
Pero los que he visto enfocados en el problema, han presentado opciones
y han logrado soluciones. Esto demuestra
que con ganas, voluntad, determinación y fuerza, las cosas sí se pueden hacer,
a pesar de leyes interminables, apelaciones aquí y allá, gremios hablando sin proponer
y sobre todo, lo peor, personas en cargos donde se les encomendó el hacer y se
han concentrado egoístamente en el tener.
A veces me dan ganas de liderar un cambio, que muchos
de los grandes y extraordinarios líderes que conozco se suban a bordo y digan,
vamos a hacerlo. Sueño con una utopía,
pero quisiera hacerla posible. Elegir un
CEO, no un Presidente, y que el CEO defina siete Vice Presidentes Ejecutivos, uno por
Provincia y que cada VP pueda escoger sus Directores, acorde al tamaño, y necesidades
de su área geográfica. Estos Directores trabajarán con sus Gerentes el cambio inmediato. Que cada uno
tenga su Presupuesto, definido para hacer y no para enriquecer a pocos y poder
medirlos anualmente por logros y así, pagarles acorde a sus resultados. A mayores logros, mayor remuneración. No ocupamos tanta burocracia, existen
ciudades con el doble de población que nuestro país y sólo tienen un Alcalde,
entonces a veces no veo descabellada mi idea.
No se asusten aquellos que están en el poder, porque si nos toca asumirlo, y si se ponen a hacer, sus
puestos no peligran y juntos ayudaremos a eliminar del todo, la maldita pobreza.
Que la pasen bonito!!!.

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